miércoles, 18 de mayo de 2011

El Valor de los Recuerdos

Uno de los elementos de vida que nos acompañan cada día en nuestra existencia, son los recuerdos.

Sin embargo, recordar no es necesariamente una forma de vivir constantemente
del pasado, sino evocar vivencias pasadas y recrearlas mentalmente en el presente.

Sabemos que cada una de las experiencias de nuestra vida se graba en nuestra mente y esas "grabaciones"son de tal intensidad que somos capaces de reproducirlas en el presente con una impresionante claridad y nitidez.

Quienes hemos explorado el Análisis Conciliatorio, o Análisis Transaccional, entendemos que la mente humana posee tres áreas en las cuales se graban distintos tipos de recuerdos y que estas áreas son claramente identificables como "El Padre", "El Adulto" y "El Niño".

El "Padre" se encarga de registrar nitidamente los aspectos relacionados con algunos paradigmas, los "así debe ser", las experiencias impuestas; en tanto que el "Niño" registra todas aquellas experiencias sentidas: el calor del pecho materno, lo agradable de beber agua desde una manguera en un día de calor, el rodar por un cesped, las aventuras infantiles, las experiencias gratas que nos hacen crecer. Aquellas experiencias gratamente sentidas.

Por su parte, el "Adulto" registra aquellas experiencias "razonadas", muy pensadas, las decisiones de nuestro mundo real.

Aún así, estos tres estados de la mente coexisten en nosotros, separadas y a la vez integradamente para posibilitarnos esta maravillosa capacidad de recordar vividamente cualquier instante de nuestra vida, evocando sus alegrías, sus tristezas, sus dolores o su eufória, de un modo nítido y presente.

Alguna vez entendí que "jovenes son quienes no tienen complicidad con el pasado", pero ello tiene más bien una connotación social que personal y no impide de modo alguno que los jovenes puedan recordar sus experiencias y vivencias infantiles, sin por ello dejar de ser jovenes.

Quienes protagonizamos el mundo adulto, por evidente experiencia, y transcurso del tiempo, tenemos la posibilidad de gozar de mayores recuerdos que sea cual sea su naturaleza, enriquecen nuestra vida y nos posibilitan traer al hoy una experiencia del ayer, con sus imagenes, colores, sonidos e incluso sus aromas, sus sentimientos asociados, y las emociones de aquel momento.

Hace algunas horas,chateaba con Juan Francisco, mi gran amigo de la infancia, a quien no veo hace alrededor de 45 años.

El me hacía recordar diversas vivencias infantiles enriquecedoras y entretenidas, las cuales aparentemente estaban sepultadas y que se encontraban muy difusas en los recónditos rinconcillos de mi mente.

Sin embargo, tan solo fué necesario gatillar el recuerdo sentido para volver a visualizar nuestros juegos y aventuras tal cómo si fuera hoy: los colores,marcas,modelos y sonidos de nuestros trenes eléctricos (nuestro hobby común), las carateristicas especiales de nuestras bicicletas cundo teniamos 10 años de vida y decenas de otros detalles que creí estaban sepultados en el pasado.

En el último tiempo, debido a ciertas especiales circunstancias que han aquejado mi vida y mi salud , muchos recuerdos han llegado a mi mente como un torrente emocional increible, lo cual nos permite con un increible grado de claridad, distinguir entre esto y aquello, entre lo permanente y lo transitorio, entre apariencia y realidad.

Los sentimientos, las emociones, los amores, las dificultades, el dolor y en suma toda la gran mochila de recuerdos que veces ni siquiera es necesario cerrar los ojos para evocar vívidamente tales vivencias, ya que afloran desde lo intimo de los diversos rincones de la mente para regalarnos su raudal de "pasada actualidad" y dar mayor valor así a cada uno de los momentos que nos quede por vivir.

Y tu?.... que tal están tus recuerdos?...


Nicolás 19-05-2011

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